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La viuda valenciana

Al quedar viuda Leonarda, todos los ojos se fijan en ella para encontrarle un marido. Multitud de pretendientes se acercan hasta su puerta, dando lugar a las situaciones más variopintas; pero ella no quiere volver a ser la mujer de, ni la señora de, sino que prefiere ser dueña de su voluntad y, sobre todo, de su deseo. Pronto conoce a Camilo, un joven al que conduce a ciegas (con los ojos vendados) hasta su casa. Allí se aman sin verse, a oscuras y con los ojos tapados. Las sesiones se repiten y la pasión crece como la cresta de un incendio, y el destino hace que los dos amantes se conozcan en público, sin saber Camilo que Leonarda es la dama que lo rapta por las noches. ¿Dejar entrar la luz y destapar la verdad o seguir jugando al juego de sombras? ¿Ceder a la convención social y aceptar de nuevo el matrimonio? ¿Callar todas las demás voces o seguir haciendo oídos sordos? ¿Atender a la pasión o cruzar la puerta hacia una nueva vida en común? Todas estas preguntas saltan sobre el papel a primera lectura de la obra de Lope, y su puesta en escena verterá otras tantas que la hacen muy atractiva, pues nos habla del poder de decisión de la mujer sobre sí misma y sobre su voluntad, por encima de lo aprendido y lo impuesto.

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Fariña

Fariña

Fariña no permite al espectador ni acomodarse en la butaca. A una imponente descarga suceden conversaciones entre jóvenes y vecinos de los pueblos hablando, comprando, consumiendo y manejando con soltura el famoso Winston de batea. El fenómeno está en marcha. El elenco de actores entra y sale de la escena metiéndose en la piel de decenas de personajes entre situaciones familiares: un alcalde corrupto dispuesto a financiar una verbena, los vecinos más jóvenes probando la mercancía a escondidasÂÂ… El salto al narcotráfico ocurre en el escenario con la misma soltura con la que tuvo lugar en la realidad. De pronto, en escena, se escucha acento colombiano y marroquí. Se escuchan ritmos de percusión y canciones. Se escuchan bromas y bravuconadas. Las drogas toman el control: ostentación y subidón llenan el teatro. Y, de nuevo como sucedió en la realidad, aparece la tragedia. En forma de madres y jóvenes hundidos y, por fin, operaciones policiales. Todo cabe sobre un escenario que recoge un recorrido fiel por este oscuro capítulo de la historia de Galicia desde un punto de vista único. Un viaje en el tiempo desde una óptica próxima, real y familiar, con la sensación, y la reflexión que el espectador hace al salir del teatro, llegando a adquirir una eficacia inédita.