Ballet Imperial Ruso

Romeo y Julieta

I Acto. En la ciudad de Verona los odios entre dos familias rivales, Capuletos y Montescos no se aplacan. Entre las continuas peleas entre los miembros de estas familias, la jovencísima Julieta Capuleto se prepara para el baile. Comienzan a llegar los invitados lujosamente vestidos, y entre ellos, Romeo y sus amigos Mercucio y Benvolio, que participan en la fiesta enmascarados. Romeo queda encantado por la gracia de Julieta y ésta no es insensible a su fascinación, pero sus padres ya la han prometido con el caballero Paris. Una vez finalizada la fiesta, Romeo y Julieta coinciden casualmente y entre los dos surge el amor. Gran escena del balcón, promesas y adioses. II Acto. Durante una fiesta popular, Romeo, con Julieta en el corazón, es objeto de las bromas de sus amigos. La nodriza de Julieta le lleva a Romeo un mensaje y un anillo de su enamorada. Romeo acude a la celda de Fray Lorenzo donde se le une Julieta y, allí mismo, se casan. Mientras tanto, en la fiesta popular, las facciones opuestas se entremezclan. Teobaldo y Mercucio se desafían, pero Romeo llega para separarles. Teobaldo desafía entonces a Romeo y éste no acepta el reto. Furioso, Teobaldo acusa a Romeo de vileza. Mercucio ataca a Teobaldo, que vilmente lo golpea, y Mercucio muere en brazos de Romeo bromeando sobre la vida y la inutilidad del poder. Romeo no puede controlarse y pelea con Teobaldo, matándole. Los Capuleto lloran la muerte de Teobaldo mientras Benvolio aleja a Romeo, a quien el príncipe de la ciudad desterrará. III Acto. Antes de partir, Romeo y Julieta disfrutan de una noche de amor, pero, por la mañana, la nodriza anuncia a la joven que llegan sus padres con Paris. Los Capuleto comunican a su hija que deberá casarse con él. La muchacha, desesperada implora inútilmente a sus padres, por lo que escapa a la celda de Fray Lorenzo y éste le entrega una poción con la que podrá simular la muerte. Julieta finge aceptar el casamiento con Paris y la ceremonia comienza a prepararse. Julieta bebe la poción y pierde el sentido. Tratan de despertarla, pero es en vano. Consternación general. El cortejo fúnebre lleva el cuerpo de Julieta al panteón familiar. Romeo, avisado de la muerte de su amada, llega desesperado y se mata junto a ella. Julieta despierta y encuentra a Romeo muerto a su lado. Se mata y se une a él en un último abrazo.

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El flautista de Hamelin

El flautista de Hamelin

El flautista de Hamelin nos ha cautivado siempre por su misterio. Una leyenda de transmisión oral, un cuento popular (documentado por primera vez por los hermanos Grimm), un poema (Robert Browning, 1845) y quizá, antes de nada, un hecho real; con dos finales diametralmente distintos: los niños vuelven al pueblo con sus familias o no vuelven. Esa cueva abierta en la montaña también está rodeada de enigma: ¿es la máxima oscuridad o es un paraíso para esos niños que ya no son felices en su pueblo? No hay una única interpretación para la historia del Flautista de Hamelin. Y esto nos encanta. Nos estimula y dispara la sugestión nuestra intrépida mente siempre con ganas de retos y de descubrimientos; y nuestro corazón también, siempre en busca sentimientos apasionantes y arrebatadores. Una vez más la ancestral capacidad humana para la inventiva y la fabulación con el propósito de comprender lo que no entiende. El flautista de Hamelin, año tras año, siglo tras siglo, versión tras versión, ha ido ganando matices y abriendo incógnitas; y, a su vez, recogiendo toda la magia, la fantasía y la musicalidad que ha ido encontrando por el camino. Tan solo leyendo o escuchando dos párrafos de cualquier versión vemos que guarda en su interior un cuento medieval, fantástico, costumbrista y musical lleno de gracia. Y hemos querido adentrarnos en él. Hemos descubierto su maravillosa capacidad de sugestión, de sugerencia, de alegría, su lirismo y su inmensa poesía. Nuestro pequeño se llama Leo, y al cabo de un tiempo nos dimos cuenta de que no elegimos este nombre por casualidad. El flautista dice en un pasaje de la obra: “…Y aún más cuando su paso lento está acompañado del maravilloso tamborileo de la madera sobre el suelo”. Tambor y Leo nos estalla en el corazón. Y se nos antoja que cuando Leo camina toca con su muleta la gran piel de tambor del mundo, la piel y el alma de todos nosotros. El flautista de Hamelin nació bajo el signo del misterio, y lo sigue conservando.

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