Euria (Lluvia)

de Markeliñe

Un paraguas colgado como recuerdo en un perchero. Un personaje sumido en la tristeza por la pérdida de un ser querido. Otro paraguas, roto y abandonado, que nuestro personaje decide arreglar sin saber que, desde ese momento, su vida empieza a cambiar. "Euria (Lluvia)” habla de ese tiempo necesario en el que la tristeza nos acompaña para calmar lo que nos duele y, poco a poco, adaptarnos a la nueva situación. Que las pérdidas, grandes o pequeñas, son un hecho natural. Y que esta circunstancia de la vida, también debería ser explicada en la infancia.

Intérpretes

Gemma Viguera y Fernando Moreno.

Ventas

Renovación de abonos, solo en taquilla: Del jueves 11 al miércoles 17 de enero de 18:30 a 20:30 horas. Cambio de abonos: Jueves 18 de enero de 18:30 a 20:30 horas. Venta de nuevos abonos: Del Viernes 19 al domingo 28 de enero de 18:30 a 20:30 horas. Venta de entradas: Del lunes 29 de enero al sábado 3 de febrero de 18:30 a 20:30 horas y 2 horas antes de cada sesión. Venta de entradas por Internet: A partir del lunes 29 de enero en www.auditoriomedinadelcampo.es

Ficha técnica

  • Duración: 60

Los cuernos de Don Friolera

Los cuernos de Don Friolera

Este divertidísimo esperpento retrata una España de principios del siglo XX en la que Valle critica los prejuicios morales de la pérdida del honor por "los cuernos"; por eso pretende, y logra con suma ironía, burlarse de sus personajes y de sus comportamientos de folletín sainetero, en una parodia satírica sin precedentes, que provoca risas crueles y desatadas sobre la tradición machista de los españoles. La historia narra como el teniente Astete -don Friolera-, recibe un anónimo avisándole de que su mujer le engaña. Vuelto loco por los celos de su frívola mujer, doña Loreta, tentada por un chulapo de medias tintas y vecino, el barbero Pachequín, e instigado por un malintencionado vecindario, trama tomar venganza. La hija de ambos, Manolita, entra en escena justo cuando el supuesto "cornudo" va a matar a los inocentes amantes, amansando las iras de su padre. Sin embargo la presión de sus colegas militares le ofusca en lo más hondo de su orgullo, y recurriendo a un ancestral código del honor, y pistola en mano, se conmina a cometer el crimen, al grito de "¡En el cuerpo de carabineros no hay cabrones!"

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