El gran traje

de Julia Ruiz.

Un gran traje casi tan ancho como una casa y con bolsillos casi tan grandes como habitaciones. Allí vivían Hombre y Mujer. Junto a ellos también vivían: Perro, Gato y Pájaro. Un día nació Niña-pequeña dentro del traje. A ella le gustaba jugar en los bolsillos, subir a lomos de Perro, aprender con Gato y volar sobre Pájaro. Pasaba el tiempo, y la niña iba creciendo y aprendiendo. Niña-pequeña creció, y creció tanto, que ya no cabía en el bolsillo-habitación de su casa-traje. ¿Dónde dormiría ahora? Se había convertido en Niña-grande. Y decidió construirse un traje, un gran traje, casi tan ancho como una casa y con bolsillos tan grandes como habitaciones.

Intérpretes

Julia Ruiz y Maite Campos.

Ventas

Renovación de abonos, solo en taquilla: Del jueves 11 al miércoles 17 de enero de 18:30 a 20:30 horas. Cambio de abonos: Jueves 18 de enero de 18:30 a 20:30 horas. Venta de nuevos abonos: Del Viernes 19 al domingo 28 de enero de 18:30 a 20:30 horas. Venta de entradas: Del lunes 29 de enero al sábado 3 de febrero de 18:30 a 20:30 horas y 2 horas antes de cada sesión. Venta de entradas por Internet: A partir del lunes 29 de enero en www.auditoriomedinadelcampo.es

Ficha técnica

  • Dirección: Julia Ruiz
  • Duración: 50

La osadía

La osadía

Como indica su título, el nuevo espectáculo de La Chana Teatro es eso, una osadía. Abordar un clásico como la Odisea, ya parece bastante atrevimiento, pero llevarlo al teatro de objetos, sin mesa, sin red, a pecho descubierto, construyendo los espacios con balaustradas, destripando al héroe, recreándose en sus contradicciones, en sus penurias, en la búsqueda de sí mismo por los caminos más retorcidos, manipulándolo como lo haría el mismo Zeus, linda con la sinrazón. Pero así son las osadías, inconscientes y aventuradas como la vida de Ulises, el curioso, el astuto, el de las mil mañas, el semejante a los dioses, el infiel, el cruel, el amante, el guerrero, el navegante, el héroe, pero, en definitiva, el hombre. La intención no es desmitificar al héroe, ni mucho menos, sino intentar conseguir que se acepte a sí mismo, tarea nada fácil para quien va dejando cientos de muertos a sus espaldas. Si en la Odisea de Homero la tragedia se masca, en la Osadía se mastica como el que no sabe comer chicle y le extrae todo su sabor en los primeros bocados, con la boca torcida, apuntando una sonrisa socarrona y mordaz que desvela la intención, como siempre, de reírnos de nuestras propias miserias. Todo héroe, como todo hombre, no se parece en nada al resto y esa diferencia, a la postre, es la que los hace exactamente iguales.

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